domingo, 2 de febrero de 2020

Educar para la inclusión

¿Es realmente inclusivo el sistema educativo actual?

La escuela inclusiva pretende “garantizar que todos los alumnos, los discapacitados físicos y psíquicos graves y profundos, los que plantean serios problemas de disciplina, los corrientes, los superdotados y quienes están en situación de riesgo, sean aceptados en pie de igualdad, reconocidos por lo que cada uno tiene que ofrecer a la comunidad educativa y se les ofrezcan las adaptaciones curriculares y las ayudas necesarias para que su aprendizaje sea satisfactorio” (Stainback y Stainback, 1999, p. 11).

La inclusión requiere un proceso que implica:
  • Responder a la diversidad, aprender cómo vivir con las diferencias y aprender de ellas
  • Identificar y eliminar barreras para el aprendizaje
  • Presencia, participación y rendimiento de cada uno de los estudiantes, ofreciéndoles experiencias enriquecedoras
  • Atención especial al alumnado con riesgos de marginación y bajo rendimiento
Pero existen diversos obstáculos que impiden/dificultan la inclusión, como son determinados valores y actitudes, falta de comprensión y destrezas necesarias, recursos limitados y una organización inapropiada.
El hecho de que la educación sea cada vez más inclusiva depende de todos. Aunque se habla de normalización e inclusión, todavía queda mucho camino por recorrer y muchas mentalidades que cambiar. La inclusión requiere un trabajo serio y constante, y una implicación social.
Desde las comunidades educativas sería conveniente fomentar aún más una mayor participación y responsabilidad en el proceso de aprendizaje de los agentes implicados. Fomentar un enfoque inclusivo asentará las bases de una nueva sociedad más solidaria, más colaborativa y respetuosa hacia las diferencias.

Aquí os dejamos un corto llamado “cuerdas” que refleja muy bien la inclusión, el respeto, el amor y la vocación.

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