¿Es realmente inclusivo el sistema educativo actual?
La escuela
inclusiva pretende “garantizar que todos los alumnos, los discapacitados
físicos y psíquicos graves y profundos, los que plantean serios problemas de
disciplina, los corrientes, los superdotados y quienes están en situación de
riesgo, sean aceptados en pie de igualdad, reconocidos por lo que cada uno
tiene que ofrecer a la comunidad educativa y se les ofrezcan las adaptaciones
curriculares y las ayudas necesarias para que su aprendizaje sea satisfactorio”
(Stainback y Stainback, 1999, p. 11).
La inclusión
requiere un proceso que implica:
- Responder a la diversidad, aprender cómo vivir con las diferencias y aprender de ellas
- Identificar y eliminar barreras para el aprendizaje
- Presencia, participación y rendimiento de cada uno de los estudiantes, ofreciéndoles experiencias enriquecedoras
- Atención especial al alumnado con riesgos de marginación y bajo rendimiento
Pero existen
diversos obstáculos que impiden/dificultan la inclusión, como son determinados
valores y actitudes, falta de comprensión y destrezas necesarias, recursos
limitados y una organización inapropiada.
El hecho de que
la educación sea cada vez más inclusiva depende de todos. Aunque se habla de
normalización e inclusión, todavía queda mucho camino por recorrer y muchas
mentalidades que cambiar. La inclusión requiere un trabajo serio y constante, y
una implicación social.
Desde las
comunidades educativas sería conveniente fomentar aún más una mayor participación
y responsabilidad en el proceso de aprendizaje de los agentes implicados.
Fomentar un enfoque inclusivo asentará las bases de una nueva sociedad más
solidaria, más colaborativa y respetuosa hacia las diferencias.
Aquí os dejamos
un corto llamado “cuerdas” que refleja muy bien la inclusión, el respeto, el
amor y la vocación.
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